Toros de Guisando: el pacto roto

Patricia Illescas Serrano

En la provincia de Ávila, en el término municipal de El Tiemblo, unos verracos prerromanos recuerdan uno de los sucesos más significativos que precedieron al reinado de Isabel la Católica en Castilla.

En un pequeño cerro, dentro de los límites territoriales de El Tiemblo, provincia de Ávila, encontramos un conjunto escultórico que data del siglo II a.c. Estos cuatro toros esculpidos en granito han sido testigos del paso del tiempo y diversos acontecimientos históricos. En la Edad Media, las tierras abulenses poseían cierta importancia en cuanto a asuntos políticos y monárquicos se refería, y fue en este lugar donde se sucedería uno de los hechos que daría pie a la Guerra de Sucesión Castellana. Este conflicto tenía como objeto la lucha por la corona del reino de Castilla, debatida entre la futura Isabel la Católica, y Juana la Beltraneja, hija del rey Enrique IV.

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El vaivén de los intereses de la corte, hicieron que un sector de la nobleza se revelara contra el legítimo rey Enrique, y se posicionaran a favor de su hermano Alfonso “El inocente”. Estos nobles eran motivados y dirigidos por las pretensiones del Marqués de Villena, Juan Pacheco, quien ávido de poder acusaba a su soberano de abandonar los asuntos de Estado y dejarse llevar por la influencia de su valido Beltrán de la Cueva, Conde de Ledesma. Pacheco no solo acusaba a Beltrán de contaminar la mente del rey, sino de ser el amante de la reina, y padre biológico de la heredera, Juana, apodada “la Beltraneja”.

Un vez coronado Alfonso en la Farsa de Ávila en 1465, de pronto, Castilla se vio gobernada por dos reyes, y ninguno de los dos abandonó el trono a favor del otro, hasta que el joven Alfonso murió 3 años más tarde, lo que dejaría a Enrique como rey indiscutible de Castilla. Es entonces cuando surge el debate sucesorio, ya que tanto aquella nobleza como la joven infanta Isabel, creían firmemente que la pequeña Juana no era hija legítima de Enrique, y por tanto no tenía derechos de sucesión al trono castellano, y la única digna de tal cosa sería la propia Isabel. La infanta Trastámara nunca quiso arrebatarle el trono a su hermano mayor, únicamente reclamaba su derecho de sucesión por ser hija del anterior rey de Castilla, Juan II.

La nobleza rebelde se había quedado sin rey al que seguir, por lo que utilizaron las pretensiones de Isabel para continuar su guerra contra Enrique. Sin embargo, ella decidió pactar con su hermano, quien veía menguar sus apoyos políticos y debilitar la posición de su linaje en el trono de Castilla.

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Recreación del Pacto en la serie Isabel, de RTVE

Es entonces cuando el 18 de septiembre de 1468 se firma el Tratado de los Toros de Guisando. Ambos hermanos se reunieron en el Cerro de Guisando para acordar el final de la guerra, Enrique seguiría siendo rey hasta su muerte, la princesa Juana quedaría desheredada y fuera de la línea de sucesión; e Isabel sería nombrada Princesa de Asturias, título que conllevaba ser la heredera de Castilla. No obstante, el rey puso una condición, que su hermana debía contraer matrimonio con quien a él le pareciera oportuno, Isabel aceptó y firmó con todas las consecuencias, solo tendría que aceptar el marido que su hermano decidiera y ceñirse la corona a la muerte del rey.

Pero la Historia nos recuerda  que Isabel de Trastámara no era una mujer sumisa y que tomaba sus propias decisiones, y no estaba dispuesta a aceptar del todo las cláusulas de los Pactos de Guisando. Lo cierto es que desde los tres años de edad, Isabel estaba comprometida con su primo Fernando, hijo y heredero del rey de Aragón, el otro reino latente en la Península Ibérica por el cual siempre se vio amenazado Enrique IV. A pesar de ese acuerdo matrimonial, su hermano ya había intentado casar a Isabel en diferentes ocasiones; primero con Carlos, Príncipe de Viana y heredero al trono navarro, cuyo enlace se vio truncado por la oposición evidente del rey aragonés. En segundo lugar Enrique quiso afianzar su alianza con Portugal a través del matrimonio de su hermana con el rey luso, Alfonso V; en esta ocasión fue la propia infanta quien se negó rotundamente a casarse con alguien 20 años mayor que ella. Enrique también hizo intentos de casar a Isabel con el hermano del rey de Francia, el Duque de Guyena, pero de nuevo la joven se negó. Por último, tras las presiones por parte del Marqués de Villena, se acordó un matrimonio con el hermano de éste, Pedro Girón, Maestre de la Orden de Calatrava, quien murió en extrañas circunstancias cuando se disponía a pedir formalmente la mano de la infanta.

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Palabras conmemorativas: “EN ESTE LUGAR FUE JURADA DOÑA ISABEL LA CATÓLICA POR PRINCESA Y LEGÍTIMA HEREDERA DE LOS REINOS DE CASTILLA Y DE LEÓN EL 19 DE SEPTIEMBRE DE 1468”

Finalmente, y revocando lo acordado en Guisando Isabel vio la oportunidad de establecer alianzas con Aragón casándose con quien en un inicio debía, con Fernando de Aragón. A pesar de haber defendido posteriormente durante su reinado los intereses de la Iglesia, Isabel no esperó la bula papal para contraer matrimonio, no quería darle la oportunidad a su hermano de atacar y deshacer sus planes. En cuanto esto fue sabido por Enrique IV, anuló el tratado y su hija Juana volvió a ser la heredera, lo que daría lugar a la Guerra de Sucesión Castellana a la muerte del rey.

Si nos planteamos la cuestión de legitimidad de Isabel, lo cierto es que la hija de Juan II, no podía demostrar que la princesa Juana no era hija del rey Enrique, y tampoco podía acogerse al Tratado de Guisando que la proclamaba heredera del reino, porque quedó anulado tras su matrimonio con el príncipe Fernando. A pesar de que fue Isabel quien incumplió los pactos y los acuerdos con su hermano, fue ella quien se hizo con la corona del reino. La guerra de sucesión le dio la victoria a su católica majestad, quien ganaba en edad a su sobrina, poseía mayores apoyos por parte de la nobleza, y por supuesto contaba con la alianza de Aragón, lo que daría lugar a la unión inminente de los dos grandes reinos peninsulares, naciendo así lo que sería España.

Patricia Mª Illescas Serrano estudia 3º de Historia en la Universidad CEU San Pablo

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